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Alerta de contaminación fecal ante la llegada del huracán Florence

La costa este de los Estados Unidos se encuentra en estado de alerta con la amenaza del huracán Florence, de categoría 4. Se prevee que el huracán toque tierra el día viernes 14 de septiembre en el transcurso de la tarde.

Aparte de la inminente destrucción de propiedades y peligro para sus habitantes, hay un riesgo aun mayor: el estado de Carolina del Norte cuenta con aproximadamente 2,300 granjas porcícolas, lo que equivale a 9 millones de cerdos confinados en espacios reducidos. A pesar de que la producción de porcina está regulada por estándares de salubridad, ninguno de los productores maneja los deshechos fecales y biológicos como es debido, y simplemente los vierte en fosas al aire libre donde se convierten en un foco de infección para la flora, fauna y habitantes locales. Incluso hay evidencia de que los primeros brotes de influenza (swine flu) en norteamérica surgieron en zonas rurales cercanas a criaderos de cerdos debido a que los deshechos eran transportados por las lluvias a las zonas habitadas.

Catástrofes naturales como el huracán Florence no son habituales en lugares como este. Es por eso que los criaderos locales no se toman la molestia de tener medidas de contingencia ante eventos como este. Según medios locales, las autoridades de salubridad y granjeros están trabajando en conjunto desde el lunes para tratar de minimizar los daños, pero es evidente que cualquier medida responsiva quedará corta ante la magnitud de este fenómeno metereológico. Hasta el día de hoy, la única medida que han implementado ha sido drenar estos lagos de miasma en 2/3 partes de su capacidad. Sin embargo, este drenaje lo único que hace es redistribuir la concentración de los deshechos, pues no los elimina ni los contiene en un lugar seguro.

Las riesgos inmediatos para la población no pueden pasarse por alto, pues ante fenómenos como este, el principal riesgo para la salud es que se crean focos de infección por la humedad. Si a esto le añadimos toneladas de deshechos fecales y sangre, es obvio que todo cuerpo de agua en los alrededores quedará infectado y hará las cosas más difíciles para los sobrevivientes y afectados. Entre los riesgos inminentes a la salud humana están el daño renal, espasmos musculares, fatiga, vómito, diarrea e infecciones estomacales.

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En última instancia, siempre resulta más cómodo culpar a los productores de irresponsabilidades como esta. Ningún productor quiere gastar parte de sus ganancias en preveer este tipo de contingencias de salud. Pero también es necesario hacer notar que ante la alta demanda de productos cárnicos, los productores no detendrán la crianza y matanza de tantos miles de cerdos. Y mucho menos tomarán medidas de salubridad para prevenir situaciones como la que se plantea.

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En casos de desastres naturales anteriores ha pasado que los criadores prefieren dejar morir a los cerdos que rescatarlos de las inundaciones simplemente porque es más caro movilizar transportes y buscar refugios temporales. Y si llegaran a salvarse de morir ahogados, su destino es morir en la línea de producción al ritmo de 35,000 cerdos sacrificados diariamente.

Es por eso que dejar de consumir animales tiene un impacto mucho mayor que el que la mayoría de la gente cree. Te invitamos a replantearte las consecuencias de lo que consumes, pues aunque parezca que no tenga repercusiones inmediatas, a la larga afectamos más de lo que creemos.

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Andrea Odessa

Odessa es una mujer transgénero que nació en la Ciudad de México. Es diseñadora gráfica egresada de la UANL, animadora de caricaturas y spots publicitarios y administradora de contenidos para redes sociales. Vegana, feminista y animalista.

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